Habitar la derrota ha sido mi victoria.
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La derrota sabe bien, no os voy a engañar
Tiene fama de amarga
Pero es una dulce liberación,
De la soberbia, la venganza.
Me miré al espejo y me vi más humana
Tragué saliva, tragué orgullo y exhalé esperanza.
Recogí los pedazos de mis desilusiones
Recalculé la ruta del mapa mental que tenía trazado
Y dibujé con más humildad uno nuevo.
Un nuevo camino más liberada, más aliviada
Y con una muy buena amiga:
Llevarme bien con la soledad ha sido más importante que ganar aquellas batallas,
Y que ganar cualquier otra medalla.
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(Gracias derrota, la victoria fue muchas veces un agravio y tú me has traído doscientos regalos.)
Carmen Carminis, Junio 2025
Dijo Pier Paolo Pasolini:
«Pienso que es necesario educar a las nuevas generaciones en el valor de la derrota.En manejarse en ella. En la humanidad que de ella emerge.
En construir una identidad capaz de advertir una comunidad de destino, en la que se pueda fracasar y volver a empezar sin que el valor y la dignidad se vean afectados.
En no ser un trepador social, en no pasar sobre el cuerpo de los otros para llegar el primero. Ante este mundo de ganadores vulgares y deshonestos, de prevaricadores falsos y oportunistas, de gente importante, que ocupa el poder, que escamotea el presente, ni qué decir el futuro, de todos los neuróticos del éxito, del figurar, del llegar a ser.
Ante esta antropología del ganador de lejos prefiero al que pierde. Es un ejercicio que me parece bueno y que me reconcilia conmigo mismo. Soy un hombre que prefiere perder más que ganar con maneras injustas y crueles. Grave culpa mía, lo sé. Lo mejor es que tengo la insolencia de defender esta culpa, y considerarla casi una virtud».