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«Los viajes de Penélope»

Los bosques, las islas, las montañas

Los mares de dudas, los mares que caminé descalza

Las brújulas que a veces fallan, las olas que han venido de nuevo a Ítaca

Las olas que siempre acaban por dejarme en casa.

Muchos años sin venir a esta ciudad

Y, sin embargo, he ido recordando las calles como si fuera ayer

Reconociéndome en los cristales como si fueran espejos

Sin ser aún consciente de cuánto lo pude echar de menos.

Viví en bosques helados con sirenas de plata

Que encaramadas a un árbol pedían venganza

Ni primavera, ni sol, ni playas, gritaban

Qué dios ha sido ese que deja a tantas sirenas así varadas.

México esperaba y ese sol de lago de agua dulce y salada

La torre Eiffel, Malta, un paseo por el Sena, cafés en terrazas doradas

Las postales de ultramar, las postales sin firmar

Las postales de amor que una vez recibí y los abrazos que tejí.

Muchos viajes de Penélope fueron para dentro

Ulises ganó medallas en las olimpiadas

Mientras ella peina con incredulidad sus canas

Se pregunta si el oráculo será de la justicia la esperanza.

Se pregunta si ya se acabó la travesía por el desierto

Si debajo del disfraz del que fuera rey hay verdad

Le pide al oráculo más datos de realidad y a Ulises piedad

Que la libere de las traiciones, de pretendientes random y de la soledad.

Y no, tú no te llamas Ulises, aunque un poco sí

Yo no me llamo Penélope, pero un poco también

Pues aquí estaba cuando regresaste

Y esto no es Ítaca, pero sí es nuestra casa.

Y a nuestra casa volví

Volviste. Volvimos. Nos han visto volver.

Hasta aquí tu odisea

Hasta aquí mi tapiz.

Carmen Carminis, Febrero 2026